Hay proyectos que nacen para dar respuesta a una necesidad concreta y que, con el paso del tiempo, se convierten en algo mucho más importante: en una relación de confianza.
El Proyecto Becas Escolares Comunitarias Vicent Estrems es uno de ellos.
Desde hace más de diez años, Menuts del Món mantiene de manera ininterrumpida su compromiso con las escuelas rurales de las comunidades originarias quechuas de la provincia de Cochabamba, en Bolivia.
Comunidades como Pongo K’asa, Chango y Achacota, entre otras, forman parte de este camino que hemos ido construyendo poco a poco, junto a sus comunidades educativas. Un camino que empezó hace años y que continúa hoy porque seguimos creyendo en algo tan sencillo como fundamental: que la educación es un derecho y que ningún niño o niña debería dejar de estudiar por falta de recursos.
Las primeras becas surgieron precisamente con ese objetivo: evitar el abandono escolar y apoyar a las escuelas rurales con mayores necesidades. En Achacota, por ejemplo, ya en los primeros años del proyecto decenas de escolares recibían material escolar y ropa de abrigo gracias a la colaboración de los socios y socias de Menuts del Món.
Con los años, el proyecto ha ido creciendo y también nosotros hemos aprendido de las comunidades con las que trabajamos.
Mucho más que una beca
Una beca puede parecer algo pequeño.
Pero detrás de cada una hay un niño o una niña que puede seguir asistiendo a clase, continuar su formación y tener más posibilidades de decidir qué quiere hacer con su vida.
Durante estos años, centenares de niños y niñas han pasado por este proyecto.
Y hay una parte de esta historia que para nosotros tiene un significado especial: las niñas.
Muchas de ellas han podido continuar sus estudios, terminar su formación y convertirse en profesionales. Algunas son ya doctoras y otras trabajan como técnicas y profesionales en diferentes áreas.
Son historias que nos hacen especialmente felices porque demuestran que cuando una niña puede seguir estudiando, las posibilidades de su futuro cambian.
No hablamos solo de una ayuda económica. Hablamos de abrir una puerta.
Trabajar con las comunidades, no por las comunidades
Desde el principio hemos querido que nuestra manera de cooperar sea clara: no ir allí a decirles lo que tienen que hacer, sino escuchar, colaborar y construir juntos.
Las decisiones y las necesidades de las comunidades educativas bolivianas son una parte fundamental del proyecto. Mantenemos con ellas una relación basada en la colaboración y el respeto, porque son quienes conocen mejor su realidad y quienes van a seguir allí cuando nosotros volvamos a casa.
Ese es también el sentido de llamar a estas ayudas Becas Escolares Comunitarias. El nombre de «beca» responde a la voluntad de las propias comunidades con las que trabajamos y a su manera de entender el proyecto.
Con el tiempo, esta colaboración ha permitido que el trabajo educativo se amplíe a otras iniciativas vinculadas a las escuelas y a las propias comunidades. En Pongo K’asa y Chango, por ejemplo, Menuts del Món ha apoyado proyectos educativos y agrícolas vinculados a la Unidad Educativa Juana Azurduy de Padilla, buscando unir educación, alimentación y participación de las familias.
Porque para nosotros la educación no termina cuando suena el timbre de la escuela.
Un proyecto que hacen posible nuestros socios y socias
Y hay algo que queremos decir alto y claro:
este proyecto existe porque hay personas que lo sostienen.
Las cuotas de nuestros socios y socias son las que permiten mantener las Becas Escolares Comunitarias año tras año.
No detrás de una gran estructura. No detrás de grandes campañas.
Detrás hay personas.
Personas que desde aquí deciden aportar una pequeña cantidad cada mes para que un niño o una niña pueda seguir estudiando a miles de kilómetros.
Por eso, cuando hablamos de las becas, también hablamos de cada socio y cada socia de Menuts del Món.
Ellos y ellas hacen posible este proyecto.
Y queremos darles las gracias.
Porque quizá una cuota parezca pequeña. Pero muchas pequeñas aportaciones mantenidas en el tiempo pueden conseguir algo muy grande: que una escuela siga abierta, que una niña no abandone sus estudios y que, años después, podamos verla convertida en una profesional.
Eso es cooperación.
Más de diez años después
Seguimos trabajando con las comunidades educativas bolivianas con las que hemos construido estos lazos de cooperación y respeto.
Seguimos aprendiendo.
Seguimos acompañando.
Y seguimos creyendo que la educación abre caminos.
Gracias a quienes hacéis posible que esos caminos continúen abiertos.
Gracias a nuestros socios y socias.
Gracias a las comunidades educativas bolivianas por la confianza.
Y, sobre todo, gracias a los niños y niñas que nos recuerdan cada día por qué merece la pena seguir.















